
¡Jajaja! Buenas. Me preguntaba si El Gran Silencio es la pura sabrosura o no. Lo que sucede es que el fin de semana estuve en un festival al cual, el lunes anterior, no tenía idea que iría; fui invitado por Carito y dije: “¿Por qué no?”.
Entonces, emprendí mi viaje a la bella capital de este hermoso país; sí, esa jungla de concreto, caos vial y bullicio interminable, pero que ostenta la mayor variedad de tacos por metro cuadrado. Y aunque el proceso en el hospedaje fue un desastre total, mi actitud para disfrutar esos días era otra; así que dije: ante el caos, la calma.
La Bitácora del Caos y el Sabor
Viernes: Cena, pasta, cerveza y un trago. Atmósfera relajada y mucha felicidad para abrir el apetito.
Sábado: Dormir poco y un trote matutino para despertar. El banderazo de salida fue en el “Festival del Mollete”. Como catador oficial y fiel devoto de los de cochinita pibil, me receté un mix con su respectivo café.
Después de ocho años de ausencia (¡qué pedo!, no es queja), regresé a Jardines de México para el Beer Fest.
Ya en el festival, y navegando al borde de la insolación, la música lo compensó todo. Vi a La Gusana Ciega y, por supuesto, a El Gran Silencio —¡qué buen desmadre armó!—, también a Camilo Séptimo —que esos sonidos de sintetizador, ¡fua!, ¡buenos!— y después a Pepe Madero, aunque ahora le digan José.
El domingo tocó volver a casa y pasarla de lo más tranquilo (Viendo el partido de pumas, pero esa es otra historia que se cierra el próximo 10 de Mayo).
– Ro